martes, 27 de agosto de 2013


Me gusta perderme en los colores del mundo, en los sonidos; y los olores me transportan a otros lugares, a otros tiempos. Me gusta cantar para sentir y sentir para cantar. Me gusta sentir que los momentos son más hermosos y se convierten en cosas supremas, en milagros deliciosos. Me encanta sentir y vivir bebiendo de los cócteles más dulces de la vida, impresionarme por todo como un niño. Salir a descubrir cosas como si el mundo estuviese esperándome. Caminar por la calle y descubrir una moneda sobre la acera, un viejo cascabel o conchas recortadas en círculos. Recorrer las líneas trazadas en los costados de las calles y saltar con un pie. Empaparme de la lluvia y hacer que mis zapatos beban de los charcos. Atrapar ranas, buscar renacuajos; fotografiar cada instante en mi memoria y pintar cada minuto con los pinceles manchados de pintura o aquellos que tiñen con letras mis dedos. Me encanta sentirme viva y a veces admito el dolor que interrumpe el placer haciendo que después aprecie más la vida. ¿Con qué me sorprenderá hoy?

martes, 20 de agosto de 2013

Margarita

 
Margarita estaba sentada frente a la estación. La mañana era fresca y el olor intenso del bosque lo impregnaba todo. A lo lejos podíamos ver las montañas que parecían mirarte desde lo alto con ojos verdes y oscuros. Se escuchó una voz proveniente de uno de los vagones abandonados, pero no había nadie, quizá era chillido de una rata mal herida, pensó.
Margarita sabía que no vendría ningún tren a la vieja estación abandonada, sin embargo seguía yendo cada mañana como si esa fuera su única ocupación. Dicen que el amor muere, pero también que somos animales de costumbres. La muerte le llegaría algún día, sin embargo ella seguiría acudiendo a su cita. Margarita tenía ojeras de no dormir y en el pelo rizado llevaba acomodada una peineta como antaño. Hacía apenas unos años cuando en la vieja estación abandonada los trenes llegaban y se iban uno detrás de otro, pero aquellos tiempos habían muerto y con ellos la esperanza de que Víctor llegase en algún tren como había prometido.
La loca del pueblo, así llamaban a Margarita, a aquella mujer de pelo negro que vestía una faldita corta de flores. Sentada con las piernas entrecruzadas veía cada día como la espera se llevaba su juventud. En la mirada se leían sus temores y la añoranza de tiempos mejores.
Le pareció escuchar el traqueteo del tren que se acercaba, luego vio como estaba cerca y una silueta se asomaba por la ventanilla. Era una ilusión. Ningún tren se acercaba y tampoco llegaba Víctor.  Hojeaba el viejo periódico y recordaba aquella fecha, la fecha en qué él se fue, la que nunca volverá. Los besos se le habían derramado por los labios y el cuerpo demasiado rápido y así también se fueron para no volver.
Margarita sintió el fuego ardiente de un puñal que le atravesaba la espalda. La muerte tenía el color pálido de la lavanda y salpicaduras de color de guinda. Allí frente a la estación fue testigo, entre estertores, de la llegada de los trenes que en estos años habían dejado de arribar. Víctor tenía arrugas en el rostro  y una llaga en el corazón igual que la suya propia. Escuchó la llegada de la muerte mientras a sus pies corría un charco de tinta roja que tras el paso de las horas parecía un manto púrpura sanguinolento con olor a hierro y otros metales. De la boca le brotaban las últimas gotas del corazón que dejaba de latir y pronunciaron por última vez sus labios, el nombre de quien tanto odió amándole, la palabra Víctor.

Psicópatas



“No te topes con un psicópata en tu vida.”

Es muy difícil que nunca se cuele en tu vida alguien así, fingen muy bien.

 

“Las llamadas son constantes y repetitivas. El acosador acecha de nuevo.”

 

La persona que acosa suele ser una persona con falsa grandeza, es decir, con un gran complejo de inferioridad; dicha persona siempre intenta hacer quedar mal a los otros, echa la culpa a los demás de lo que ha hecho mal, intenta engrandecer los atributos de los que carece y presume de cualidades inexistentes en su persona.

El acosador persigue el sufrimiento de los otros, busca incomodarlos, hacerlos sentir mal para así disfrutar de ello. Cree que de esa manera él será mejor; en su interior sabe que al bajar el autoestima de los otros  los tiene a su disposición, pero no siempre lo consigue.

El acosador es una persona cobarde con carencia de estima: la propia.

El acosador busca estima fuera, cosa que no consigue y la persigue a como dé lugar. Algunas veces cree que la víctima está enamorada de él. Este tipo de personas son psicópatas que fingen los sentimientos, la empatía y demás, porque carecen de ello. Suelen ser personas nada brillantes pero que ansían aparentarlo.

viernes, 16 de agosto de 2013

Ramos de espinas


Le caían de las manos sin parar gotas tibias y diminutas. Ya teñida la ropa blanca parecía una amapola; el olor a hierro invadía la habitación, llevaba en las dos manos ramos de espinas como si espinas no fuesen. Hubiera pensado que la joven alucinaba, pero al ver los hermosos ramos… parecían dos poemas. Se alargaban estos unos sesenta centímetros y algunas líneas tortuosas que trazaban en el aire se asemejaban a piruetas de expertos acróbatas y otras, rizos perfectos de sirenas. Los pinchos eran finos y no muy largos, parecían hechos de cristales de colores. Nunca en mi vida vi nada más hermoso, la mirada se te perdía en aquellos dos ramos de espinas, no me extraña pues que Magnolia se enamorara de ellos y los cogiera de aquella manera entre las manos. Magnolia que debió besarles, ya con los labios de un rojo oscuro que da la sangre seca, quedó como en otro mundo; los ojos vidriosos miraban sin mirar, vagaban por algún lugar, sus mejillas eran rosadas como las de una niña rechoncha y lozana. Magnolia con dos ramos de espinas caminaba, y la ropa que fue blanca, ahora teñida de rojo, le confería  un aspecto de amapola.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Invierno




En ocasiones tras una larga ausencia comprendes que necesitas de algo o de alguien. A mí me pasa con el invierno. La primavera y el otoño son las estaciones más hermosas, que según yo, deberían ser eternas. Pero en  verano con el calor angustiante donde parece que el sol intenta abrazarte con todas sus fuerzas, echas de menos el invierno tanto como a un ser querido. Ay, el invierno, dices, y te viene un suspiro recordándole. Ese invierno de colores grises, de hojas secas y crujientes desperdigadas por las calles. Invierno, con torres de nubes gigantes y tonos azules. El invierno es la estación donde el calor toma sus vacaciones, se ausenta y solo aparece cuando tomas baños de sol si tienes la suerte de pillar un día sin nubes. El invierno es como un viejo enamorado, lleno de romanticismo, en el que has de ir abrigado y caminando con cuidado por las calles húmedas, a veces empapadas por el rocío o la lluvia indecente que cae a cualquier hora. Vamos a soñar con el invierno para refrescar estos más de cuarenta grados. Tanto echo de menos la primavera ¡que ya añoro al invierno!

 ¡Ay, agosto, que angustia! Siempre pensé que el dichoso nombre de agosto se debía a lo angustiante que este mes llega a ser, o quizá lo de angustia viene de agosto, porque, aunque no idénticas ni derivadas, son palabras tan parecidas… Que calor más rufián. Cada año viene el calor y con él las quejas, aunque le acompañen días de playa (con aguas que en agosto parecen torrentes salados que un bromista meó en el mar.) Yo nací en un invierno moribundo y aunque los fríos del otro lado del charco no son tan intensos, que insoportable se hace el verano en agosto donde todas las ropas son inoportunas y quieres despojarte incluso de los collares o sortijas; el pelo debería desaparecer y hasta la prenda más mínima sobre nuestro cuerpo se torna molesta. Ay invierno, clamo, que se vaya agosto, o que por lo menos nos de tregua. Hay cosas tan positivas del verano, pero, como diría un religioso: ¡tanto calor ya es pecado!