viernes, 24 de septiembre de 2010

Mi vientre de luna llena.




Ya ha pasado tanto. El mar era como hoy, los cielos eran azules y el clima frío, olía a diferente y a nuevas tierras. El ser amado a mi lado y una semilla creció en mí. Mi vientre no era más que uno llano y con los días, al crecer de la primera semilla, fue aumentando; mis entrañas se fueron extendiendo hasta convertirse en luna llena y con ella mi corazón ya gigante en una prospera galaxia se convirtió; con el paso del tiempo la luna menguó mas el corazón siguió creciendo, y cuando yo te vi ángel de ojos vivaces fui la dicha en mi persona.
Pasaron diría que años, el clima era frío y un tanto conocido, mi vientre no tan llano fue creciendo nuevamente de una semilla prendado, vientre fecundo, en el tornó a crecer un fruto hasta convertirse en luna llena y morena; mi corazón entonces como quien sabe hacerlo bien creció, y más tarde como suele ser, mi vientre menguó, viéndote a ti ángel de ojos grandes, se torno mi alma en ciclópea.
Cuando os hallabais fuera de mi, retoños, la luna llena menguaba, mas ese centro gigantesco de mi ser, en universo se transformaba por vosotros. Ahora es ese pecho como diez universos repletos de eso que muchos llamamos amor.
Ya mi vientre no volvió ni volverá a ser luna llena, pero ya sea al llegar de los sueños o ensoñaciones es recuperada esa luna plena y morena que fue ayer, donde es hoy mi vientre no tan llano, donde mis seres predilectos os alojasteis por turnos en un ayer ya lejano, en un ayer tan hoy como el minuto que pasó.