jueves, 4 de agosto de 2016

Regreso

No estaba muerta. Andaba de parranda. Hace mucho tiempo que no me paso por aquí, de hecho casi no recordaba que tenía este blog. Bueno, claro que lo recordaba, pero hace tanto que no publico nada.... Tengo tantas historias que contar.... 
Me alegra mucho volver a escribir aquí, me siento entusiasmada. No es que haya dejado de escribir porque aunque tengo parones de semanas siempre escribo, tengo un montón de cuadernitos y cuadernos que siempre escuchan mis gritos, mis alegrías y mis historias. Tengo mucho que contar así que espero volver de nuevo con más cosas y mejores que compartir con todos ustedes. 
Hoy quiero compartir una historia que escribí para un concurso y que no pude enviar porque "me olvidé" de algunas cosas, pero ahora puedo compartirla. Espero que les guste.




 La migraña tiene los ojos marrones


Nadie elige dónde nacer, ni en qué mundo vivir, uno nace y ya. Lo que sí puedes elegir son las profesiones, las amistades… aunque pensándolo bien, eso tampoco, porque uno ya está condicionado desde el momento en el que nace. Tener migraña tampoco es una elección, no, eso más bien es una especie de maldición, o eso piensan algunos, para qué vamos a engañarnos, la mayoría. La historia que voy a contarte comienza hace muchos años, no tantos como tiene el mundo desde que es mundo, ni tantos como la revolución francesa, tampoco muy pocos, quizá rondando mi edad, que tampoco, seré sincera, te la voy a contar, seré todo lo que quieras, pero indiscreta con mi edad, ¡eso no!, ¡ni pensarlo! Toda mujer siempre está preparada para esta monísima, sobre todo si es rubia, a las morenas les da un poco igual, pero no a todas, no. Yo en un tiempo fui rubia y que te voy a contar, siempre estaba preparada para estar monísima, lo peor de todo ello era olvidarme de lo otro. En aquella época comprendí lo importante que es para una rubia estar monísima, y es qué, para que nos vamos a engañar, las rubias son monísimas.
Me llamo Paqui. ¿Te habías preguntado mi nombre? Quizá no. A menudo la gente está más interesada por la edad de las personas que por el nombre, mira en una entrevista de trabajo, por eso a mí me gusta ser discreta con la edad, además aparento muchos menos, pero muchos menos años de los que tengo, que no seas mal pensada, tampoco tengo tantos. Bueno, mejor me callo.
Reconozco que en un principio no sabía lo que me pasaba, pensaba yo que era apática, porque todos me decían que estaba muy apática, qué, aunque me costó distinguir entre la apatía y la simpatía, un día ya lo diferencié y entonces tuve muy claro que era apática, tendría unos 15 años. Uy, mejor dejamos a un lado lo de los años. Era muy joven cuando me di cuenta… bueno, dejemos de hablar del tiempo.
Tenía yo muchos planes el día que comprendí lo que me pasaba. Era feliz, recuerdo y hacía muchos años que no me pasaba. Todo ocurrió así: Me levanté muy temprano para ir a trabajar y en el transcurso del día hice muchas bromas, tomé mucho café e iba monísima, aunque ya estaba dejando de ser rubia, en aquella época todavía iba re-monísima. Llevaba un vestido, blanco, mira tú por dónde. Me sentía tan bien… tanto como una niña pequeña que sólo quiere correr y saltar, reír… En la tarde cuando salí de trabajar vi a Pablo. Sí, ya sé… Pablo – Paqui … la típica broma, PA-PÁ.
Llevaba yo mi vestido blanco tan mono y mi peinado tan mono, las uñas perfectas. Todo era perfecto. Era el momento ideal. Pablo me dio un beso y los dos cerramos los ojos, nos besamos. En ese momento a alguien se le cayó el café y salpicó mi hermoso vestido, que quedó con manchas marrones que supuse que no se irían jamás. Casi me echo a llorar, pero a Pablo no se le ocurrió otra cosa que hacer manchas simétricas sobre mi vestido blanco. Mi cara era todo un poema y yo en lugar de moverme me quedé paralizada como un maniquí frente a una modista que le arregla el vestido. Ese día comprendí que Pablo tenía una gran habilidad creando formas simétricas y también comprendí que no quería verlo más. Una vez terminó de pintar mi vestido con café, que no sé todavía cómo fue aquello. Salí corriendo, imaginando ser una actriz de cine que salía de escena llorando como una Magdalena. Entonces me di cuenta de que en la cabeza parecía llevar medio antifaz, como si en la parte derecha de mi cara llevara un parche y me costaba ver bien. Cuando estuve bien lejos y me miré en un escaparate me eché a reír y quise volver corriendo a ver a Pablo. Aquel vestido parecía de diseño; “pero lo de Pablo parecía una niñería”, pensé, “como lo mío”, me dije acto seguido. Entonces no supe que hacer. Era probable que Pablo se hubiera marchado, furioso y desconcertado, o se quedaría esperándome, al fin y al cabo, yo era el amor de su vida, o eso es lo que pensaba. Caminé muy lentamente en sentido contrario no fuera que viniera detrás de mí y no me viera con mi vestido monísimo de flores de diseño de un Pablo que no tenía nada que envidiarle al Pablo Picasso, que hoy en día todavía me pregunto si el apellido era inventado o significa picazo, o en todo caso fue inventado por no llamarse picazo y fuera más chic. En fin, caminé por aquella Avenida esperando encontrar a Pablo, algo que, como imaginarás, nunca ocurriría…. Pensarás que lo tengo bien merecido, pero, nunca jamás pensé que eso pasaría.
Comencé a sentirme apática, supuse que de la pena, de la pena de… bueno, en fin, tú ya entiendes.
Entonces comprendí que algo me pasaba. ¿Cuánto tiempo hacía que no me hacía esa pregunta? ¿soy una persona apática? Me reí. Sentí un hormigueo en la cabeza y de pronto veía nublado con mi ojo derecho. Pensé que había caído algo en mi ojo.
−¿Pablo? −dije por algún motivo
Luego sentí que alguien ponía un casco sobre mi cabeza, el casco cubría la mitad derecha, miré a los lados desconcertada. Estaba lejos de aquel escaparate en el que miré mi vestido blanco y marrón y lejos de Pablo que había desaparecido de mi ahora afectada vista hacía ya rato. Y así de repente, cuando decidí que me iría a casa, así de repente algo pareció estallar dentro de mí. La cabeza comenzó a dolerme, como si me hubiera comido una salsa picante por el ojo. Empezó así, como un adormecimiento, y era una salsa picante blanca que nublaba mi vista. Caminé, caminé deprisa y comencé a tener miedo, entonces sólo imaginaba mi cama, mi mullida y cómoda cama, pero no aquella en la que ahora dormía noche tras noche, sino la que me hacía compañía en la niñez. Recordé entonces cuando jugaba a que tenía una armadura y llevaba un casco. La cabeza dolió más.
−vamos Paqui, ¿qué te pasa? −susurré
Me sentí muy asustada y me invadió un escalofrío. El dolor de cabeza fue aumentando. Comencé a taparme la cara con mi mano e intenté apoyarla, como si estuviera helada y a la vez caliente, como si la armadura fuera rígida. Vi un parquecito cerca, un parquecito que antes tenía nombre, dónde a veces iba a sentarme en uno de los bancos a observar los patos y los niños patosos, que cómo yo de niña les tiraban pan a éstos, pero sólo tenía ganas de tirarme sobre el césped en posición fetal a intentar arrancarme el casco plateado de mi cabeza.
Cerré los ojos con fuerza y vi delante de mí unos ojos marrones que me miraban con sorpresa. Abrí los ojos un poco sorprendida de lo que me ocurría. Cerré los ojos suavemente y vi colores desfilando frente a mí en forma de ríos diminutos que se alargaban y daban vueltas como pequeñas serpientes. Ríos, fuego, armaduras, cascos, serpientes. Las palabras volaban por mi cabeza sin que lograra atraparlas y veía los ojos marrones en flashazos que me miraban. Creí que me volvía loca.
Llegué a casa y lo primero que hice fue tomarme una pastilla, y luego otra, pero otra más no, porque tampoco estoy loca. Ibuprofeno y paracetamol. Y me agarraba la cabeza para sujetar mi casco doloroso y lloraba. Me quedé dormida y recuerdo aquel sueño, caminaba por una calle llena de flores blancas y marrones como las nuevas manchas de mi nuevo vestido blanco y marrón y una cara de Pablo que se movía en el cielo de un lado a otro y comencé a reír con mi mascara plateada que cubría la parte derecha de mi cabeza. También vi los ojos marrones que me miraban. Al día siguiente fui a trabajar, y al siguiente y al siguiente, y al siguiente…
Todos los días me sentaba frente al escritorio sujetando mi casco plateado tomando ibuprofeno y paracetamol para calmar al monstruo de los ojos marrones que me miraba y atrapar a las serpientes de colores que a veces se iban, pero no lograba arrancar mi casco. Me sentaba y suspiraba mientras no tenía noticia alguna de pablo y mi vestido marrón blanco hedía colgado dentro de una bolsa en el armario.
Estaba tan cansada al séptimo día de mi casco plateado que me presenté en urgencias con mi vestido marrón blanco recién lavado y qué seguía siendo blanco marrón de diseño. Entonces vi a montones de personas sentadas en la sala de espera, todas con sus preciosos cascos plateados. ¡No me lo invento! Sólo tú que llevas un casco plateado puedes ver los cascos plateados de los otros. Tenían la misma cara que llevaba yo ya de serie desde hacía 7 días.
−tendrás que aguantar otros siete días −me dijo una mujer como si me hubiera leído el pensamiento
Me quedé pensativa y la miré con tal cara que me dijo algo que no recuerdo exactamente, pero creo que era algo así:
−sí, si no tomas la pastilla el dolor te dura casi quince días, menos si tienes suerte, más si no la tienes
Me quedé boquiabierta y algo asustada. Aquella mujer sabía lo que me pasaba. Me imaginé el picante blanco que me había comido por el ojo y que había pasado de ser una figuración a algo nítido en mi mente, pero que aún podía diferenciar de la realidad. Todo era confuso.

Todos en la sala parecíamos zombis, todos los que esperábamos.

Se abrió la puerta. Era aquello una escena parecida a una película extraña, quizás de abducciones extraterrestres.

−todos llevan cascos plateados −dijo una enfermera con ojos marrones en voz alta
Entonces rompí el silencio.
−¿qué pasa aquí? −le dije a la mujer de al lado
−has venido al lugar indicado −dijo un hombre que se parecía a Pablo, pero que no era Pablo y yo miré mi vestido marrón blanco sin querer
−quizá te puedan ayudar −dijo una vocecilla de una chica joven con un casco plateado no muy pesado

−¿de qué color tiene los ojos tu migraña? −me preguntó la primera mujer que me habló
−marrones −contesté sin dudar
−como la mía −dijo
Mi casco era muy pesado. La enfermera salió nuevamente de una de las puertas de la sala, ya no de la misma, lo que me confundía. Yo entrecerraba los ojos esperando ver mejor así, y me sujetaba el casco que bordeaba ya toda la parte derecha de mi cabeza y parte de la izquierda.
−pasarás con el Doctor Neruda −dijo la enfermera dirigiéndose a mí

No sabía si estaba soñando.

Se abre la puerta. Otro que se parece Pablo. “Con qué no sea poeta y se llame Pablo”, pensé y me reí mientras sujetaba mi pesado casco.
−El doctor Neruda es uno de los mejores neurólogos, no se preocupe −dijo la enfermera de ojos marrones y pelo negro como si hubiera leído mi pensamiento −disculpe que no sea rubio
“Pero ¿qué dice?” me pregunté, quedando estupefacta.
−lo que ocurre es que, cómo verá… esto es así, los doctores rubios están muy ocupados −dijo
A mi lado se escuchó una voz que decía: “Es qué es así”. Y otra finalizó. “Los y las pacientes con migraña prefieren a sus neurólogos o neurólogas rubios o rubias”.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Ansiedad - Hablar sobre lo que te pasa



Hablar sobre lo que te pasa

La ansiedad es algo que nos cuesta reconocer, cuando se convierte en agorafobia es peor. ¿Por qué tenemos miedo a decir lo que nos está ocurriendo? Por vergüenza  y porque nos preocupa lo que los demás piensen de nosotros y es probable que la ansiedad haya surgido por eso…
Es por eso que es importante hablar sobre lo que nos pasa con los demás, extraños o conocidos, amigos o familia, porque de esa manera nosotros estamos rompiendo el circulo vicioso, el miedo a que los demás no se enteren de nuestro secreto… tenemos un problema y necesitamos ayuda, si lo contamos puede que nos comprendan o no… puede que se acerquen a nosotros o que se alejen, pero lo que sí es cierto es qué nuestros problemas parecerán hacerse más pequeños, los miedos perderán fuerza. Debemos contar lo que nos pasa, no para que los demás se responsabilicen de lo que nos ocurre sino para tomar más conciencia, con cada paso nos acercamos más a la solución de los problemas.
Al contarlo conectarás con otras personas, esto no lo has causado voluntariamente, aunque tampoco surgió de la nada, contarlo nos ayuda a enfocar bien el por qué surgió. Debemos de darnos cuenta de qué es lo que nos llevó a esto, a un terrible estado de ansiedad, aceptarlo y meditar sobre ello, tomar una decisión. Nuestro cuerpo nos está avisando sobre algo con el estado alto de ansiedad, ¿qué es?
Si callamos lo que nos está ocurriendo sentiremos más ansiedad, porque queremos ocultar algo, queremos “no ser descubiertos”, eso nos hará sentir más miedo… Si lo contamos nos haremos un poco más fuertes, tocando la realidad al ver que nuestros miedos no tienen sentido, que son pequeños, se cambia la perspectiva.
Contándolo mostramos que somos vulnerables, pero eso no nos hace mejores que nadie, ni especiales, necesitamos regresar al equilibrio, a la vez que nos regresa nuestra fortaleza. La enfermedad nos lleva a encontrar el equilibrio. La ansiedad es pues, un camino, tan solo debemos descubrir por qué nos está ocurriendo y renunciar a esa situación que nos causaba ansiedad pero que continuábamos porque creíamos que eso demostraría nuestra fortaleza.
¿Tú ya sabes cuál era la situación que te mantuvo en tensión y te condujo a la ansiedad? Si lo sabes estás preparado para abandonarla.

Cambia los pensamientos negativos por positivos y ve ganando terreno al miedo.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Como combatir la ansiedad, día 4



El día tres fue duro, con momentos de tranquilidad, pero también de angustia. Eso sí, con total conciencia de lo que me estaba ocurriendo, miedo, llanto y comienzo de un nuevo tratamiento, he comenzado a tomar Deprax en dosis muy bajas. Estoy más cerca de conseguir la tranquilidad y comenzar una nueva etapa en mi vida.
En el día 4 la ansiedad aparece menos y con menos intensidad. Los pensamientos positivos deben ganar terreno a los negativos. Sin medicamentos se consigue también, pero el periodo se alarga unos días más... Procuramos buscar la raíz del problema, preguntarnos ¿por qué? y cambiar el enfoque hacia este. 

Día cuatro. Mi lucha contra la ansiedad.

Se llama ansiedad al estado de miedo o angustia constante. Es un estado de alerta que adopta el cuerpo para luchar contra lo que está por venir. Suele darse por pensamientos negativos constantes, en mi caso por los pensamientos de enfermedad. Es algo que suele avergonzarnos y que no solemos admitir. Cuando vienen los ataques de pánico es notable que ya no podemos soportar toda esa adrenalina… El miedo es algo que nos ayuda a sobrevivir  a los seres humanos, pero, en estados altos es contraproducente. La no aceptación de algo nos lleva a estar en un miedo constante. Nuestra mente llega a creer que hay algo malo pues pulsa un detonante. En realidad no hay nada malo, así que lo busca, es como un ordenador en alerta que busca el peligro constantemente. Los ataques de pánico vienen después en cualquier momento, los puede detonar cualquier cosa, el calor, el frío, un dolor en cualquier parte del cuerpo… luego llega la agorafobia… Algunos afirman que todas las personas con ansiedad sufren de agorafobia en algún grado. Desde mi experiencia la agorafobia surge después de los ataques de pánico. La mente busca sin cesar peligros y los encuentra… revive una y otra vez los estados en los que ha estado en peligro para así averiguar lo que le está pasando. A mayor sensibilidad de la persona, mayor cuidado debe tener con los pensamientos. Eso es en mi caso. Aprender a gestionar las emociones es muy importante porque es algo que puede acarrear problemas graves a largo plazo. También hay que aprender a exteriorizar nuestras opiniones y sentimientos.
Un simple pensamiento negativo que acarree la no aceptación de nuestro cuerpo puede desatar muchos otros pensamientos negativos relacionados y traer consigo la enfermedad. Los pensamientos descontrolados acerca de nuestro cuerpo, mente o propia vida son peligrosos. Al comienzo somos nosotros los que estamos afectados y en peligro como nos hace creer la mente y manifiesta el cuerpo… Al final se ven afectadas las relaciones. El cómo nos encontremos afectará a como vemos a los demás y como nos ven ellos a nosotros. 

Es importante qué, cuando te encuentres en estados de ansiedad alta lo exteriorices. Hacer lo contrario a lo que te demanda el miedo puede traerte más ansiedad, pero es una forma de rebelarse y haz de concientizarte de que aquello que te ocurre sólo está en tu cabeza.  Cuando vas rompiendo barreras y decides desobedecer a los miedos, romper las reglas que te ha impuesto, estás rompiendo también aquellos miedos y desgastando el estado de alerta o ansiedad.
Aceptarte a ti mismo es muy importante. Aceptar cada una de las partes de tu cuerpo, tu interior, tus virtudes y defectos, absolutamente todo… es tan importante porque eso dará a entender a tu mente y a tu cuerpo que en realidad no hay ningún problema. 

Las afirmaciones positivas juegan un papel muy importante. Por cada afirmación negativa debe aparecer una afirmación positiva. Al pensar negativamente has de pensar ¿por qué pienso eso?, y después cambiarla. Al principio es tan difícil que  ni siquiera puedes identificar los pensamientos negativos, pero después se va haciendo más fácil hasta que te das cuenta de absolutamente todos los pensamientos negativos y aunque es difícil cambiarlos todos, el restaurar y cambiarlos por pensamientos positivos hará que en cuestión de días, semanas o meses, dependiendo de cada persona, los pensamientos positivos sean muchos más que los pensamientos negativos. De esta manera disfrutaremos de salud y de la vida misma.
Apréciate y cuídate, pues es lo que más necesitas en la vida.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Cómo combatir la ansiedad Mi lucha Día 2

La evolución de mi trabajo contra la ansiedad, es prematuro, pero voy notando mejoría. Los ansiolíticos para niños están actuando, quizá más como placebo, pero me ayudan...

Cómo combatir la ansiedad Mi lucha Día 1

El comienzo de mi lucha contra la ansiedad. VideoDiario. Día 1.
Vencer a la ansiedad no es tarea fácil, pero con constancia podemos conseguirlo.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Parodia declaración Angélica Rivera "El detrás de cámaras"

Más de 500 reproducciones en este video, ¡no lo puedo creer!
Me divertí tanto haciendo esta parodia que a mí en lo personal me gusta mucho...
¿Quieres verlo tú también?
Déjame un comentario! y suscribete a mi canal,
¡que tengas un gran día de sábado y buen fin de semana!,
saludos!


viernes, 21 de noviembre de 2014

"Nadie habla de Lilith" La primera mujer de Adán


"Nadie habla de Lilith" es un cuento que nació hace muy poco, pero ¡está estrenando portada! 
Sí quieres conocer más buscalo en Wattpad! Te invito a leer otras obras mías que también te sorprenderán. Cuentos infantiles, relatos y más...

Nadie habla de Lilith
 
"¿Y si nada de lo que te contaron era verdad? ¿Quién fue la primera mujer sobre la faz de la tierra? "Nadie habla de Lilith" te cuenta sobre Lilith, la primera mujer sobre la faz de la tierra que acompañó a Adán por poco tiempo. Un cuento que mezcla mitos de distintas religiones y cambia el mensaje. Nadie habla de Lilith es una historia diferente."


Leelo grátis en Wattpad:

http://www.wattpad.com/82564138-nadie-habla-de-lilith-la-primera-mujer-de-ad%C3%A1n?utm_source=web&utm_medium=link&utm_content=share_reading&ref_id=37174300

Déjame tu opinión, tu opinión cuenta!

Que tengas un día muy luminoso,

Yaneth